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Los Otamendi estarían de acuerdo

February 12, 2016

En los albores del siglo XX, hacia 1900, y hasta la guerra civil, se da en Madrid un momento propicio para el Urbanismo y Arquitectura de calidad, que se viene gestando unos años con la apertura de la Gran Vía. Innumerables edificios más o menos rompedores, pero de calidad arquitectónica, se construyen en estas fechas. Muchos de ellos tras un gigantesco y complejo programa de demolición de edificios en calles estrechas, para conectar en tres plazas un nuevo trazado, más ancho, y con edificios novedosos. La Gran Vía, un gran proyecto urbanístico y de gran valentía. Creo que todos nos alegramos de que en su día se trazara por el centro una calle tan relevante para Madrid como esta. En aquellos tiempos también, debido a la gran presión demográfica, se proyectan y desarrollan los planes de ampliaciones de la ciudad, que resultan ser hoy barrios como el de Salamanca y Chamberí. En 1908 se derriba la gran mole del cuartel de San Gil, permitiendo la configuración urbana de la Plaza de España tal y como la entendemos hoy en día.

 

Eran tiempos con grandes proyectos de ensanche, vastas operaciones de demoliciones incluidas, y en definitiva fueron tiempos de modernización en Madrid. Incluido el inicio del metro, de la mano de la Compañía Madrileña Urbanizadora. Se trata de una poderosa empresa de ingeniería que inicia la transformación de la ciudad mediante enormes planes de infraestructuras y edificación, y compra de suelos. ¿Adivinan los propietarios de dicha compañía? Están en lo cierto.

 

Los Otamendi eran un brillante grupo de hermanos, todos influyentes ingenieros o arquitectos que inician sus actividades empresariales a principios de siglo XX. Contaban con una gran experiencia en la construcción de infraestructuras como el metro, tranvías y desarrollos urbanos. Impulsaron mediante la Compañía Madrileña Urbanizadora, la compra de suelo, y posterior desarrollo urbanístico.

 

Ambas torres de la plaza de España tienen la misma firma, Julián y Juan Otamendi. Sin embargo la torre de Madrid (1954 y 1960), es sólo 6 o 7 años posterior. Acusa un fuerte cambio de estilo, respondiendo a una contemporaneidad, y a una calidad Arquitectónica, que si la hacen pasar como un edificio emblemático de Madrid. Pero, ¿es que el edificio España no es emblemático?

 

El edificio España (1948-53) fue construido apenas 4 años después de terminar la guerra. Tras la guerra civil la Falange intentaba liderar el proceso de reconstrucción nacional y plasmaba en la nueva Arquitectura y Urbanismo los ideales expresados en su programa político desde el fin de la guerra. Justo antes, durante la II República, habíamos asistido a una época de gran audacia arquitectónica, en la que se introduce el racionalismo en la Arquitectura.Durante la República y desde 1925, penetran en Madrid las vanguardias y el racionalismo arquitectónico, creando una Arquitectura sólida, que rechaza de plano el historicismo y el academicismo, como en cualquier otro país europeo. Su impronta en la ciudad la vemos en barrios como el Viso.Pero el nazismo en Alemania había cerrado la Bauhaus y Mies y Gropius se refugian en Estados Unidos. En ese traspiés hacia la modernidad que supusieron las sucesivas guerras en Europa, en América germina una nueva Arquitectura, pero en Madrid se respira un aire de grandilocuencia propia de la arquitectura totalitaria.

 

Franco, como los otros dictadores fascistas coetáneos, Hitler y Mussolini, adopta un estilo que oscila entre el post-neoclasicismo  y un obsoleto estilo historicista monumental. Un dictador que se caracteriza por una aversión al racionalismo y constructivismo. Y ordena un edificio neo-barroco, sin gran interés arquitectónico, y construido con gran pobreza de materiales en plena post-guerra.

 

Pero lo verdaderamente inaudito, y a todas luces desconsiderado en nuestros días, -por lo que vemos-, con el entorno del tejido urbano adyacente, es la concesión inédita del régimen franquista a construir una torre. El edificio se ubica en los aledaños de Noviciado, en pleno tejido histórico, con edificios residenciales de no más de 6 alturas. Con sus 25 plantas y 117 metros de altura, es un edificio que destacó en la fisonomía de Madrid desde las grandes aperturas verdes tras el Manzanares de la Casa de Campo, (hasta que se construyo al lado su hermano mayor, la torre de Madrid, bastante más alta). Consciente de este hecho, el edificio adopta una fisonomía contundente, pero escalonada, para adaptarse a las alturas de Gran Vía, a las que casi triplica, De forma simétrica, pierde altura en su cuerpo más próximo al arranque de la calle Princesa, y crea un largo eje visual sobre la Plaza de España. Por tanto el carácter emblemático del edificio aparece por el hecho de su altura, de ser una torre en el centro de Madrid y de su fuerte simetría respecto a la plaza. Eso es la que la sitúa dentro del recuerdo colectivo de la imagen de la ciudad.

 

Lo que propone la sociedad y las autoridades hoy en día, es mantener su grado de protección. Exigirle, al posible promotor, que nos deje una piel colgando donde embutir un edificio moderno. Eliminar el alma del edificio, sus interiores, pasamanos, ascensores y detalles constructivos, limitándose a pedir conservar una piel acartonada y rancia.

 

 

En el futuro se ha anunciado un concurso abierto de proyectos para re-ordenar la Plaza de España. Aprovechemos, y dejemos que un riguroso concurso de ideas sobre el propio edificio España respetando su edificabilidad actual, nos aporte ideas para realizar una construcción nueva, de primera calidad. La Historia le dotará del carácter emblemático que tienen todas las obras humanas que hablan de su tiempo.

 

En el edificio España, el emblema es la torre, no esta torre. Seguramente los Otamendi estarían de acuerdo en su demolición.

 

Carlos García Puente

Arquitecto y Paisajista

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